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Manuela Mejía (Area101): “El futuro no se puede predecir, pero sí se puede explorar”

Manuela Mejía, experta en gestión del cambio en Area101

La experta en gestión del cambio analiza cómo la anticipación y la cultura organizativa ayudan a las empresas a reforzar su capacidad de adaptación

La incertidumbre, la aceleración del cambio y la necesidad de adaptación constante se han convertido en algunos de los grandes desafíos para las empresas en un entorno cada vez más complejo. Conceptos como los entornos BANI, la gestión del cambio o el pensamiento estratégico de futuros están ganando protagonismo en las organizaciones que buscan anticiparse y reforzar su capacidad de respuesta. En este contexto, y dentro del programa ScaleUp Growth de CEEI Castellón, hablamos con Manuela Mejía, Innovation & Strategy Analyst en Area101, sobre liderazgo, transformación organizativa y cómo preparar a las empresas para afrontar los retos del futuro.

 

Cada vez se habla más de los entornos BANI para definir el contexto actual de las organizaciones. Desde tu experiencia, ¿cómo están impactando la incertidumbre y la complejidad en la forma de gestionar las empresas?

La incertidumbre y la complejidad están obligando a las empresas a replantear la forma en la que toman decisiones y planifican su futuro. Durante años, muchas organizaciones han operado bajo la idea de que era posible prever el entorno con relativa precisión y construir planes estables a medio y largo plazo. Sin embargo, hoy nos encontramos en un contexto donde los cambios tecnológicos, sociales, económicos o regulatorios pueden alterar las reglas del juego en cuestión de meses.

Esto implica que las empresas ya no pueden depender únicamente de la planificación tradicional. Necesitan desarrollar capacidades para adaptarse con rapidez, aprender de forma continua y tomar decisiones incluso cuando no disponen de toda la información. Más que intentar predecir el futuro, el reto está en prepararse para distintos escenarios posibles y fortalecer la capacidad de respuesta de la organización.

 

Muchas organizaciones siguen afrontando el cambio desde estructuras y modelos tradicionales, ¿qué transformaciones consideras imprescindibles hoy para que una empresa pueda adaptarse con mayor agilidad?

La primera transformación es cultural. Muchas organizaciones siguen entendiendo el cambio como una iniciativa puntual, cuando en realidad se ha convertido en una constante. Adaptarse con agilidad requiere asumir que la evolución forma parte del día a día de cualquier empresa.

A nivel organizativo, es fundamental fomentar estructuras más colaborativas, reducir los silos entre departamentos y facilitar la toma de decisiones. También es importante crear espacios para la experimentación, donde los equipos puedan probar nuevas ideas, aprender rápidamente y ajustar el rumbo antes de realizar grandes inversiones.

Por otro lado, las empresas necesitan dedicar tiempo a la anticipación. Observar tendencias, analizar señales de cambio y reflexionar sobre cómo podría evolucionar su entorno les permite prepararse mejor para los retos futuros y reaccionar con mayor rapidez cuando aparecen nuevas oportunidades o amenazas.

 


«Si las personas no entienden el propósito del cambio o no se sienten parte de él, será muy difícil que la transformación tenga éxito»


 

Desde tu experiencia, ¿qué papel juegan las personas y la cultura organizativa en los procesos de cambio empresarial?

Las personas son el factor más determinante en cualquier proceso de transformación. Podemos contar con la mejor estrategia o la tecnología más avanzada, pero si las personas no entienden el propósito del cambio o no se sienten parte de él, será muy difícil que la transformación tenga éxito.

La cultura organizativa es la que define cómo una empresa responde ante la incertidumbre, cómo colabora, cómo aprende y cómo afronta los errores. Las organizaciones que fomentan la confianza, la participación y el aprendizaje continuo suelen adaptarse mejor porque generan entornos donde las personas se sienten capaces de proponer ideas, asumir responsabilidades y contribuir al cambio.

Además, el liderazgo tiene un papel fundamental. Los líderes deben ayudar a dar sentido a la transformación, generar confianza y crear espacios donde las personas puedan implicarse activamente en la construcción del futuro de la organización.

 

El pensamiento estratégico de futuros o Strategic Foresight está ganando relevancia en el ámbito empresarial, ¿por qué crees que es importante que las empresas aprendan a trabajar con escenarios futuros?

Porque el futuro no se puede predecir, pero sí se puede explorar. El Strategic Foresight permite a las organizaciones ampliar su visión más allá del corto plazo y prepararse para diferentes posibilidades antes de que ocurran.

Trabajar con escenarios futuros ayuda a identificar riesgos emergentes, detectar oportunidades y cuestionar supuestos que muchas veces damos por válidos simplemente porque funcionan en el presente. También permite tomar decisiones más robustas, ya que las organizaciones entienden mejor cómo podrían evolucionar factores clave como la tecnología, el comportamiento de los clientes o los cambios regulatorios.

Más que una herramienta de predicción, el Strategic Foresight es una herramienta para desarrollar resiliencia, mejorar la capacidad de adaptación y tomar decisiones estratégicas con una perspectiva más amplia.

 


«Una cultura clara ayuda a mantener la alineación y facilita la toma de decisiones»


 

Las scale-ups suelen crecer en contextos de alta velocidad y presión. ¿Qué recomendaciones darías a los equipos directivos para liderar ese crecimiento?

Mi principal recomendación sería no perder de vista el largo plazo mientras se gestiona el día a día. Las scale-ups suelen estar muy centradas en crecer rápido, captar clientes o escalar operaciones, pero es importante reservar tiempo para reflexionar sobre hacia dónde se dirige realmente la organización.

También es fundamental construir una cultura sólida desde las primeras etapas. A medida que la empresa crece, se incorporan nuevos perfiles, aparecen nuevas dinámicas y aumenta la complejidad. Una cultura clara ayuda a mantener la alineación y facilita la toma de decisiones.

Por último, recomendaría desarrollar capacidades de anticipación y aprendizaje continuo. Las scale-ups operan en entornos muy cambiantes, por lo que necesitan escuchar constantemente al mercado, observar tendencias y estar preparadas para ajustar su estrategia cuando sea necesario. En muchos casos, la ventaja competitiva no proviene de tener todas las respuestas, sino de aprender más rápido que los demás.

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